Nuevos misterios del caso D’Alessio: las contradicciones de su última declaración y los chats simulados

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Máscaras detrás de máscaras. Relatos que se ensimisman. Personas que no son quienes dicen ser. Hechos que ocurrieron pero que en realidad nunca pasaron.

El caso del falso abogado Marcelo D’Alessio causó estrépito en el mundo de la política, la Justicia y el espionaje. Ahora se conocerá nueva información sobre esta trama. Pruebas documentales que constan en sede judicial y que podría develar el origen de esta historia. Las novedades surgen de uno de los varios expedientes que investigan a D’Alessio. Se trata de una causa que instruye la fiscal Alejandra Mangano y cuyo juez es Julián Ercolini. Esa pesquisa fue iniciada por una denuncia del fiscal Carlos Stornelli contra D’Alessio.

Según un denunciante llamado Pedro Etchebest, éste falso abogado, espía no probado de varias naciones y varios organismos de Inteligencia, le pidió dinero invocando el nombre Stornelli que a cambio de una cifra relevante en dólares no lo involucraría en la causa de mega corrupción de los cuadernos de las coimas. Stornelli niega esos hechos y denunció a D’Alessio en la Justicia. Clarín pudo saber en base a fuentes judiciales fidedignas, y de otras vinculadas a esta trama peculiar, que Ercolini y Mangano habrían determinado que las conversaciones vía WhatsApp entre D’Alessio y Etchebest sobre la posible extorsión del fiscal Stornelli, que dieron origen a esta historia, serían “truchas”.

A esto se le suma una nueva declaración en indagatoria de D’Alessio ante Mangano y Ercolini, en la que el falso abogado deslinda de cualquier responsabilidad delictiva a Stornelli. Y en la que además rechaza haber tenido una relación formal o informal con la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), que también se presentó como denunciante en esta causa.

Etchebest, que conocía hacía varios años a D’Alessio jamás había sido mencionado en la causa Cuadernos. ¿Por qué sería, entonces, extorsionado?

¿Qué motivó a Etchebest a denunciar a su viejo amigo D’Alessio? ¿Etchebest y D’Alessio, en realidad, actuaron desde un comienzo en conjunto? ¿Armaron “pruebas” porque ambos trabajaban para instalar el caso en el juzgado de Dolores? Hay indicios que indican que sí. Y un enigma de fondo: ¿quién fue el verdadero organizador de este accionar osado, si es que lo hubo?

La denuncia inicial de Etchebest contra D’Alessio se radicó en el juzgado de Dolores, al mando de Alejo Ramos Padilla. El magistrado primero dio a entender que Stornelli podría estar comprometido en la extorsión que se decía que D’Alessio le había pedido a Etchebest. Después descartó esa hipótesis pero la causa se ramificó hacia diferentes objetivos. La senadora Cristina Kirchner afirmó que el expediente debía ser investigado por la Corte Suprema debido a que D’Alessio era agente de Inteligencia de los Estados Unidos. Nada de eso está probado. El caso se ramificó con querellantes, en su mayoría procesados en casos de corrupción K. Y Ramos Padilla decidió procesar como cómplice de extorsiones de D’Alessio al periodista de Clarín Daniel Santoro.

En un hecho inédito, además, el juez le ordenó a la Comisión Nacional de la Memoria, además, que audite si las notas periodísticas de Santoro fueron escritas, en realidad, como vehículos de acción psicológica para “presionar” a posibles víctimas de un negocio de presión que Santoro habría montado con D’Alessio. Estas decisiones fueron rechazadas por Santoro y organizaciones periodísticas como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entre otras organizaciones de prensa, alertaron sobre esa decisión de Ramos Padilla que buscaría criminalizar el trabajo de un periodista.

La última declaración como imputado de D’Alessio en el caso en el que él es investigado por Ercolini y Mangano se realizó el último 3 de octubre.

Además de imputarle haber usado el nombre de Stornelli para extorsionar a su “víctima” Etchebest, el objeto de la investigación se amplió. También busca determinar si D’Alessio manipuló información de que habría obtenido de organismos públicos, “asumiendo funciones públicas sin nombramiento expedido por autoridad competente, al arrogarse vínculos falaces, entre otros, con la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)”.

D’Alessio se contradice con otras declaraciones anteriores en otros expedientes donde también se lo investiga por sus aventuras en los tribunales y otras osadías. Hoy está preso por orden de Ramos Padilla.

En el caso de Ercolini y Mangano, el falso abogado rechazó haberse jactado de ser agente de la AFI. Frente a la evidencia de sus dichos en contrario en una entrevista que le dio al periodista Nelson Castro en Radio Continental, pidió que se tenga en cuenta que ese día él no había dormido debido a los problemas judiciales que lo empezaban a acechar.

Admitió, como ya había hecho en el juzgado de Dolores, que sí tuvo trato con el ex comisario Ricardo Bogoliuk, quien sí fue agente de la AFI, pero que según ese organismo ya había dejado su puesto al momento en que D’Alessio relata que empezó a hablar con ese ex espía de Etchebest.

Según su versión, Bogoliuk lo instó a investigar a Etchebest.

En su primera declaración ante Ramos Padilla, Etchebest llamó a Bogoliuk como “mi amigo”. Y su esposa ratificó que compartían oficinas con él y que también conocía desde hace un tiempo a D’Alessio. “Nos vendió un Mercedes Benz“, reveló ella, entre otras puntas de investigación que jamás se siguieron en esa pesquisa.

Ante Ercolini y Mangano, D’Alessio afirmó que eran ellos Etchebest y Bogoliuk los que trabajaron en conjunto, y que él fue “utilizado”: “Soy responsable de no haberme dado cuenta de esa circunstancia, de no haberme parado el 6 de enero y el 8 de enero y frenado esto”. Juró que fue un “rehén” y aclaró que Etchebest y Bogoliuk “lo utilizaron para perjudicar a Stornelli”.

Admitió conocer al fiscal, y también al periodista Santoro, pero los desvinculó totalmente de esta trama delictual.

D’Alessio admitió que se juntó cuatro veces con un espía en actividad, a quien llamo Pablo Piavamonte (en rigor, el apellido del agente es parecido al que él nombró así pero es otro).

Según el imputado, se vio con el agente “Pablo” solo para mostrarle “trabajos periodísticos”. Dijo que la AFI jamás le abonó ni plata ni viajes. Y que Bogoliuk le dijo que “Pablo P…” estaba al tanto de la investigación que le pedirían sobre Etchebest, aunque jamás habló de este tema con el agente.

Insistió con vincular a Etchebest con Bogoliuk.

Cuando la fiscal Mangano le preguntó por qué Etchebest lo involucraría en una historia como la que él narraba, D’Alessio respondió que “está seguro que Pedro Etchebest trabajó en conjunto con Bogoliuk. Y que lo presupone porque Bogoliuk le hacía comentarios que luego eran consecuentes con la actuación de Etchebest”. Dio más pistas sobre ese punto, todas en el mismo sentido.

Negó haber cobrado dinero de Etchebest.

La investigación de Mangano y Ercolini, como se dijo, da por probado que los chats que Etchebest y D’Alessio se cruzaron sobre las preguntas que le hacía Stornelli a su supuesto nexo de extorsión sobre la vida de Etchebest no se generaron como declaró éste último en Dolores, es decir, en medio de la reunión que tuvo D’Alessio en Pinamar con el fiscal, y que según la versión de ellos dos duró alrededor de cuatro horas. Para el juez Ercolini y para Mangano, hay indicios suficientes que probarían que el encuentro duró en rigor unos cuarenta minutos, y que el intercambio por celular que Etchebest juró haber mantenido con D’Alessio mientras estaba reunido con Stornelli fueron “armados” por el denunciante y el denunciado pero una vez terminada la reunión en Pinamar en la que Stornelli habló con D’Alessio.

La Justicia tendría acreditado que esos chats, que se usaron como prueba de lo que habría pasado entre Etchebest, D’Alessio y Stornelli, fueron escritos adrede, entre el acusado de extorsionador y su víctima cuando se encontraban lejos de Pinamar. Así lo muestran los horarios de esos chats que constan en los teléfonos de D’Alessio. Y que Ercolini y Mangano probaron con documentos de las empresas telefónicas. Ambos habrían escrito la “prueba” sobre la extorsión que ya fue descartada cuando viajaba en auto con D’Alessio en camino de vuelta a Buenos Aires.

Sobre el vínculo de D’Alessio con agentes de la AFI, por las fechas que él dio sobre ese punto, y por declaraciones de ex agentes y de otro en actualidad, quizás si se indaga en ese punto se llegue a la gestión del ex jefe del espionaje K, Oscar Parrilli.

Pero esa es otra historia que surge de la trama original.

Habrá novedades al respecto.

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