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Internacional

Lo echaron por corrupto, huyó de Japón en una fuga de película y ahora demanda a Nissan por mil millones de dólares

Carlos Ghosn fue detenido en 2018 en un viaje a Japón. Luego se fugó al Líbano, donde permanece con tres órdenes de arresto de Interpol. Ahora demandó a la marca por 1.088 millones de dólares por daños y perjuicios.

Uno de los mayores escándalos de la industria automotriz global acaba de sumar un nuevo capítulo: el expresidente de Nissan, Carlos Ghosn, denunció a su antigua empleadora por 1.088 millones de dólares en concepto de indemnización y daños y perjuicios, a raíz de su despido en 2018 y su posterior detención en Japón.

La demanda fue presentada por el exdirectivo brasileño ante el Tribunal de Casación de Líbano, el país donde reside, y en ella asegura que la casa nipona le generó un daño irreparable a su reputación al tejer un entramado que permitiera concretar su expulsión de la compañía.

Para probarlo, la documentación entregada por Ghosn a la Justicia incluye acusaciones de difamación, calumnias y fabricación de pruebas materiales por parte de la casa nipona, aunque alcanza también a otras dos empresas y 12 personas.

Todo ello, asegura, fue lo que a la larga acabó poniéndolo tras las rejas en Japón, apuntado por mentir en sus declaraciones juradas de ingresos, abuso de confianza y mal uso de los activos de la compañía, al cargar pérdidas personales sobre las cuentas de Nissan.

Carlos Ghosn le reclama 1.088 millones de dólares a Nissan. REUTERS/Issei Kato/File PhotoCarlos Ghosn le reclama 1.088 millones de dólares a Nissan. REUTERS/Issei Kato/File Photo

A raíz de ello, ahora Ghosn, de 69 años, reclama US$ 588 millones en concepto de remuneración perdida y otros US$ 500 millones por daños morales. “Lo que pido es solo una pequeña compensación en comparación con lo que me han hecho”, dijo Ghosn a la agencia Reuters. “Tenemos una larga batalla por delante. Vamos a luchar hasta el final”, anticipó.

“Tengo la intención de recuperar mis derechos, reparar mi reputación”, insistió el brasileño de ascendencia libanesa, y prometió: “Voy a dedicar todo el tiempo necesario para que prevalezca la verdad”.

Luego de la denuncia, la primera audiencia está programada en Beirut para el próximo 18 de septiembre, según confirmó el juez Sabbou Suleiman, de la Fiscalía del Tribunal de Casación.

Una historia de película con final abierto

Ghosn fue detenido por las autoridades japonesas en noviembre de 2018 apenas el avión privado en el que viajaba aterrizó en el aeropuerto de Haneda, en Tokio. En ese momento todavía era el presidente de Nissan y director ejecutivo de Renault, y el impulsor de una alianza entre ambas compañías junto con Mitsubishi.

Cronología del caso contra el exmagnate del automóvil Carlos Ghosn - AFP / AFPCronología del caso contra el exmagnate del automóvil Carlos Ghosn – AFP / AFP

Una vez que puso sus pies en tierra firme, el brasileño fue escoltado desde el área de control de pasaportes a una oficina contigua dentro del aeropuerto, donde fue notificado de las acusaciones en su contra y acabó siendo arrestado. A las pocas horas ya estaba en una celda.

“El único recuerdo que tengo de ese momento es la conmoción y el trauma”, sostuvo el oriundo de Porto Velho, una localidad cercana a la frontera de Brasil con Bolivia. “Fue como si te atropellara un autobús”, puso como ejemplo.

Ghosn al ser detenido en Japón. REUTERS/Issei Kato/File PhotoGhosn al ser detenido en Japón. REUTERS/Issei Kato/File Photo

A Ghosn lo trasladaron al Centro de Detención de Kosuge, en el noreste de Tokio. Y con ello comenzó un derrotero de más de un año en el que alternó estadías en una celda con breves períodos de prisión domiciliaria, aunque muy restringida: por ejemplo, no podía verse ni hablarse con su esposa, Carole Ghosn. Y la única vez que se lo permitieron, en vísperas de Navidad, fue por videollamada y con un abogado supervisando la comunicación.

La casa de donde se fugó Ghosn, en Japón. Se fue caminando (Photo by Behrouz MEHRI / AFP)La casa de donde se fugó Ghosn, en Japón. Se fue caminando (Photo by Behrouz MEHRI / AFP)

Sin un indicio claro sobre cuándo comenzaría el juicio en su contra, y sabiendo que enfrentaba una posible pena de 15 años en un país que tiene una tasa de condenas de más del 99%, un buen día Ghosn dijo basta y decidió buscar una salida por la fuerza. En ese momento empezó a orquestar una fuga digna de una película de Hollywood.

Así, el mediodía del 29 de diciembre de 2019 el expresidente de Nissan dejó su domicilio de Tokio e intentó pasar lo más desapercibido posible, vestido con un jean y zapatillas que poco tenían que ver con los trajes de lujo que solía usar en sus años dorados, y se fue caminando a tomarse un tren bala para recorrer los 500 que lo separaban de Osaka, donde un jet privado lo esperaba para concretar el escape. Aunque no sería todo tan simple.

“El plan era que no podía mostrar mi rostro, así que tenía que estar escondido en algún lugar”, explicó Ghosn a la BBC en 2021, cuando rompió el silencio luego de mucho tiempo negándose a dar detalles de su plan.

La residencia de Ghosn en el Líbano, de donde no lo pueden extraditar. (AP Photo/Maya Alleruzzo)La residencia de Ghosn en el Líbano, de donde no lo pueden extraditar. (AP Photo/Maya Alleruzzo)

La solución: subió al avión metido en un baúl como los que músicos y bandas usan para trasladar instrumentos musicales cuando salen de gira por el mundo. “Eran la alternativa más lógica, particularmente porque en esa época había muchos conciertos en Japón”, detalló.

Entre la previa y la confirmación de que ya estaba en pleno vuelo, Ghosn permaneció allí encerrado durante una hora y media, aunque él sintió que pasó mucho más, sobre todo cuando ya no había vuelta atrás. “Los 30 minutos que estuve adentro de la caja en el avión, esperando el despegue, fueron probablemente los más largos de mi vida”, reconoció.

“No tenés miedo, no tenés ninguna emoción excepto la enorme concentración en que esta es tu oportunidad y no podés perdérsela, de lo contrario lo vas a pagar con tu vida, con la vida de un rehén en Japón”. enfatizó sobre ese momento.

Fue un vuelo nocturno que lo depositó en Turquía, donde hizo un cambio de nave para aterrizar a la mañana siguiente en Líbano, un país que conocía muy bien porque allí fue criado de niño, pero que además le ofrecía un condimento extra: no tiene tratado de extradición con Japón, por lo que no hay herramientas legales para ir a buscarlo.

Allí pasa sus días Ghosn, y de momento, mientras pesan sobre él tres órdenes de arresto a través de Interpol, todo indica que en Beirut no hay planes de ceder ante la presión diplomática japonesa para devolver a Ghosn a Tokio. Pero hay otro Estado buscando lo mismo: Francia, donde también se lo investiga desde hace años.

En 2020, de hecho, la policía allanó su domicilio en las afueras de París, y ya por entonces no se descartaba su enjuiciamiento en ese país. Al igual que en Japón, se lo acusa de más delitos financieros, como evasión de impuestos, fraude, lavado de dinero y uso indebido de los activos de la compañía durante su período al frente de la alianza Renault-Nissan.

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