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La “grieta” que se abre en la política de España, con acento argentino

Por allí andan voces, maceradas en acento castizo, que nacieron, se criaron o son hijos de ciudadanos de nuestro país y que, aunque ostenten también la española, tienen ciudadanía argentina.

En su última visita a Argentina, en noviembre del año pasado, el ex presidente español Felipe González admitió que España “está abriendo su propia grieta”.

“Estoy incómodo porque nosotros generamos un período a partir de ese consenso que nos ha durado 35 o 36 años y ahora mi incomodidad es que estamos abriendo nuestra propia grieta”, dijo el ex líder del PSOE, que gobernó España entre 1982 y 1996. “Trece años y medio, rompí todos los parámetros históricos”, ironizó González.

En la receta española de esa grieta, sin embargo, no faltan ingredientes argentinos: voces de políticos, maceradas en acento castizo, que nacieron, se criaron o son hijos de ciudadanos de nuestro país y que, aunque ostenten también la española, tienen ciudadanía argentina.

Es el caso de Gerardo Pisarello, el tucumano de 50 años que es hoy secretario de la Mesa del Congreso de los Diputados y portavoz de la Comisión de Asuntos Exteriores y que fue vicealcalde de Barcelona hasta el año pasado.

Pisarello está de acuerdo con Felipe González: “La política española se está polarizando mucho. El sistema constitucional estaba pensado para eso (el bipartidismo) y hay algo que está rompiendo las costuras del pacto constitucional que se hizo en el ’78 -comenta el argentino a Clarín-. Lo que representamos nosotros (el partido Unidas Podemos, de Pablo Iglesias) es una expresión no sólo a la izquierda del PSOE sino generacionalmente vinculada a otras cosas que vienen del 2011, que fue más o menos como el 2001 argentino: la crisis de representatividad que se produce como consecuencia de la crisis económica”.

El entonces vicealcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, en agosto de 2018 en Buenos Aires. Foto EFE

El entonces vicealcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, en agosto de 2018 en Buenos Aires. Foto EFE

Pisarello llegó a España en los ‘90 para hacer un doctorado en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, donde conoció a Juan Carlos Monedero, una de las cabezas que craneó Podemos como el partido de los “indignados”.

Su biografía tucumana incluye la noche más desdichada de su vida: aquélla de 1976 en la que, luego de una intimidación con bombas de la Triple A que estallaron en el despacho de su padre, el abogado defensor de presos políticos Angel Pisarello, irrumpieron en su casa. Y se llevaron a su papá, mientras le contaba el cuento de las buenas noches. El tenía 5 años. El cuerpo de su padre, que había sido torturado, apareció semanas después.

Ya en España, una suplencia para dar clases en la Universidad de Barcelona se convirtió en una cátedra propia sobre Derecho Constitucional. De allí pasó a integrar el Observatorio DESC (de Derechos Económicos, Sociales y Culturales), una plataforma que nuclea a varias organizaciones de derechos humanos de la que emergieron, tuneados como dirigentes políticos y fogoneados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el mismo Pisarello.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, actual vice presidente, en 2019. Foto DPA

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, actual vice presidente, en 2019. Foto DPA

El argentino se convirtió en un cuadro del espacio político ciudadano Barcelona en Comú que con el tiempo se amalgamó a Podemos y fue su brazo catalán.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, el vicealcalde quitó un busto del rey emérito Juan Carlos I y pidió que la gente votara a favor de la independencia de Cataluña en el referéndum ilegal de 2017.

Hoy, desde la Mesa del Congreso de los Diputados, pide que el rey Felipe VI vaya al Parlamento para aclarar qué sabe sobre la presunta corrupción de su padre, Juan Carlos, autodesterrado de España.

Argentina, marquesa y filosa

Aunque de partidos antagonistas -él es de Podemos y ella del PP-, Pisarello comparte su condición de diputado por Barcelona con Cayetana Alvarez de Toledo, la voz más argentina del Parlamento español.

Alvarez de Toledo hoy es portavoz del grupo parlamentario del PP, cargo en el que tambalea: su verba filosa en los duelos parlamentarios agrietan el tono moderado que el partido preferiría dentro y fuera del Congreso.

“Usted es el hijo de un terrorista. A esa aristocracia pertenece usted, a la del crimen político”, le disparó Alvarez de Toledo, durante una sesión parlamentaria, al vicepresidente Pablo Iglesias.

El ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy, figura clave del Partido Popular. Foto EFE

El ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy, figura clave del Partido Popular. Foto EFE

Se refería a la militancia de su padre en el Frente Revolucionario Antifascista Patriótico, un grupo de la izquierda revolucionaria española que realizó actos terroristas sobre el final de la dictadura franquista. Iglesias llevaba ya unas cuántas sesiones llamándola “marquesa”, por el título nobiliario que ella obtuvo de su padre.

“Cuando Cayetana interviene en la Cámara es inevitable reconocer gestos, formas argentinas. En su propio partido la atacan por ser argentina y por ser mujer”, comentan en el Parlamento.

En realidad, Cayetana nació en Madrid, en 1974, pero se crió en Buenos Aires, entre los Peralta Ramos -su mamá, Patricia, pertenece a la familia de los fundadores de Mar del Plata- y fue a la misma escuela que la reina Máxima de Holanda -Northlands School-, donde se hicieron amigas.

“Que no es de Madrid. Es peor. Es argentina. Y todo argentino es hijo de una puta y un español”, le gritaban a Cayetana cuando fue a cubrir para el diario El Mundo el referéndum ilegal de autodeterminación del 1 de octubre de 2017 en Cataluña.

Cayetana Alvarez de Toledo portavoz del Partido Popular en el Parlamento de España.

Cayetana Alvarez de Toledo portavoz del Partido Popular en el Parlamento de España.

Ella, que se había graduado y doctorado en Historia Moderna en la Universidad de Oxford y que volvió a España a trabajar como periodista, lo contó en la crónica que publicó en el diario al día siguiente.

“Crecí en el Palermo porteño, me hice adulta en Oxford”, le comentó a Clarín hace unos meses la única diputada del PP de Cataluña que logró una banca el Congreso español.

En 2006, el secretario general del partido y número dos de Mariano Rajoy, Angel Acebes, le había echado el ojo para que se convirtiera en su jefa de gabinete. Por entonces, Cayetana trabajaba en la sección Opinión de El Mundo y era comentarista en un programa de radio de la cadena Cope. Fueron sus primeros pasos en política.

“Soy técnicamente hispano-franco-argentina -aclara ella-. Llegué a Buenos Aires después de la guerra de Malvinas. Me tocó el menemismo y me fui en el ‘93. Era bastante chica. En Argentina hasta los muy chiquitos están politizados”.

Le confesó a Clarín que sigue la política de nuestro país, donde aún viven su madre y su hermana: “Cualquier fórmula que contenga a Cristina Kirchner me parece un gravísimo riesgo para Argentina. Volver a las fórmulas del kirchnerismo es una condena y eso sí es el camino de Venezuela. Que Argentina vuelva a embarcarse en el camino del populismo, de las presuntas soluciones mágicas, de la demagogia infinita, sin resultados reales, me parecería un verdadero drama”, opinaba poco antes de las últimas elecciones de octubre de 2019.

De neoliberal a la izquierda de la izquierda

Otro portavoz de su grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados de España, pero con sangre argentina, es Pablo Echenique, secretario de Programa de Podemos.

Nació en Rosario, el 28 de agosto de 1978, en una familia de clase media-baja que cuando Pablo tenía 13 años decidió mudarse a España, hasta con la perra Nube y el gato Chusy, para buscar tratamientos a la atrofia muscular espinal de Pablo, una enfermedad hereditaria y degenerativa que no le impidió brillar en la ciencias exactas.

Los Echenique se establecieron en Zaragoza, donde Pablo se doctoró en Física en 2006.

Su vida como científico lo sumó al prestigioso Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y sus inquietudes políticas, en un principio autodeclaradas neoliberales, lo arrimaron a Ciudadanos, el partido de centro-derecha con el que coqueteó hasta que comenzó su militancia como activista del movimiento 15-M de los indignados.

Tuvo una temporada en la que se apasionó por las cooperativas y la banca ética hasta que se lanzó como candidato en las primarias abiertas de Podemos. Llegó a eurodiputado en 2014.

Pablo Echenique, cuando era eurodiputado.

Pablo Echenique, cuando era eurodiputado.

Fue presidente del grupo parlamentario del partido en las Cortes de Aragón y secretario de Organización. Su cintura política le permitió maniobrar -y hasta forcejear– con Pablo Iglesias virando el timón hacia tendencias rupturistas y alianzas electorales con Izquierda Unida, por ejemplo.

Su biografía política incluye una carta abierta en la que admitió: “Lo confieso: neoliberal. Me parecía apropiado que EE.UU. invadiese Irak (…) Salvo honrosas y contadas excepciones, los medios de comunicación son tan sólo el instrumento de propaganda de la élite que los posee y controla, y cualquier joven nacido antes de internet (después de internet, menos) creció con el mismo mensaje llegándole de todos los ángulos: ‘Todo está bien’, ‘Occidente es el faro de la libertad’, ‘Los ricos son buenos y trabajadores’, ‘El capitalismo es bienestar, libertad y amor’ -se justificó Echenique-. Así, un joven físico, racional pero que nunca había estudiado (ni se había preocupado por) la historia o la economía, que, cuando leía, leía física o ciencia ficción, era la carne de cañón óptima para comerse el guiso ideológico. Y se lo comió bien calentito”.

En estos últimos años, Echenique pasó de criticar a la cúpula del partido a ser un referente del oficialismo dentro de Unidas Podemos. Y una de sus últimas propuestas controvertidas fue postular que se conceda la nacionalidad española a los inmigrantes que hayan desarrollado tareas esenciales durante la emergencia sanitaria por el coronavirus. El, por su parte, nunca volvió a Argentina.

Con la crisis económica que dejó de souvenir la primera ola covid, la moción de censura con la que amenaza el partido de ultraderecha Vox para septiembre y los cimbronazos que el debate sobre la monarquía y el exilio del rey Juan Carlos provocan dentro de la coalición de gobierno, la grieta española, estimulada o no por la genética argentina, podría convertirse, en los próximos meses, en un abismo.

Madrid. Corresponsal

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