El emotivo encuentro de Francisco con el padre Pedro Opeka

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El domingo pasado se celebró el encuentro entre dos grandes figuras religiosas que ha dado al mundo nuestro país. El Papa Francisco y el sacerdote Pedro Opeka. Fue de tarde, en los suburbios de Antananarivo, la capital de Madagascar. Sí, aunque parezca mentira, dos argentinos reconocidos en el mundo. Por un lado, Jorge Bergoglio, el Santo Padre, que adoptó el nombre de Francisco, nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936; y por el otro, Pedro Pablo Opeka, un sacerdote de vida santa, nacido en San Martín el 29 de junio de 1948.

El primero, jesuita, formado en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. El segundo, sacerdote de la Congregación de la Misión, formado en la espiritualidad de San Vicente de Paul. Uno, cabeza de la Iglesia. El otro, misionero. Francisco, que ha vivido austeramente y nos invita a salir hacia la periferia en busca de los marginados y descartados por la sociedad. Pedro Opeka, que ha vivido entre los pobres y lucha por ellos cada día.

El encuentro se dio en el marco de la visita papal a Mozambique, Madagascar y la isla de Mauricio. Los lugares escogidos fueron dos, dentro de los espacios que abarca la Asociación Humanitaria Akamasoa (que quiere decir: los “Buenos Amigos”): en el gimnasio de Manantenasoa (que significa: “lugar de esperanza”), donde miles de niños y jóvenes recibieron a Francisco con la alegría del canto y el baile que caracteriza a este pueblo; y en la cantera, frente a los trabajadores.

El abrazo entre dos argentinos.

El abrazo entre dos argentinos.

Tuve la gracia de escribir un libro sobre cada uno. Sobre el Pontífice, en el 2013, apenas fue elegido. Al libro lo titulé: “Francisco, un signo de esperanza”. Sobre el padre Pedro, fue en el 2004, cuando me invitó a conocer la obra de Akamasoa y vivir un tiempo allí, junto al basurero municipal. Al libro lo titulé: “Un viaje a la esperanza. Salir de la pobreza con trabajo y dignidad”. La esperanza estuvo presente en ambos casos. Francisco, era el primer Papa, no sólo argentino, sino americano. Entonces, había un signo de esperanza escondido en su elección, más allá de la novedad que generaba el cambio.

Francisco fue recibido con una ovación..

Francisco fue recibido con una ovación..

La obra del padre Opeka, por lo que significa construir pueblos (donde hoy viven cerca de 30.000 personas), escuelas y liceos (donde estudian cerca de 15.000 chicos), dispensarios, campos deportivos y hasta un hospital. Y no sólo eso, sino que se completaba con un “Centro de Acogida” de asistencia temporal, por el que en estos 30 años han pasado más de 500.000 personas. Además, estaba el trabajo autogenerado en los propios servicios de los pueblos, en la cantera para sacar la piedra que cimentaría las viviendas, en la fábrica de muebles, los talleres mecánicos y de artesanías.

Francisco y Opeka durante el encuentro.

Francisco y Opeka durante el encuentro.

Pero en este artículo, no es cuestión de comparar, sino de celebrar este gran encuentro entre dos argentinos. Encuentro que, el Santo Pedro, ha querido destacar especialmente visitando al padre Opeka y a sus colaboradores malgaches. Es un reconocimiento muy grande de la Iglesia toda, que se suma a las decenas de premios recibidos y a las postulaciones para el premio Nobel de la Paz. Al padre Pedro, algunos lo llaman “el combatiente de la esperanza”, otros, el “apóstol de los pobres” o “el albañil de Dios”. Para mí, es un “maestro de humildad” y me gustaría explicar la razón, refiriéndome a los comienzos de Akamasoa.

Pedro llegó por primera vez a Madagascar, en 1970, con 22 años. Levantó la mano cuando en el seminario de Argentina pidieron voluntarios para ir al África y hacer una experiencia misionera. Esta ex colonia francesa (se independizó en 1960), hoy tiene 25 millones de habitantes y está entre los diez países más pobres del mundo. Más tarde, en 1976, después de sus estudios teológicos en Francia y Eslovenia, y de ordenarse sacerdote en la basílica de Luján, regresó definitivamente a la isla. Sus primeros 15 años, los pasó en una parroquia del sur, donde trabajó levantando capillas y escuelas, y formando a muchos de los jóvenes que hoy son sus colaboradores.

Su espíritu constructivo (había aprendido el oficio de albañil de su padre), el amor por el fútbol y el ferviente deseo de propagar el evangelio, lo acercó a la gente y aprendió rápidamente el idioma, hasta que un día cayó enfermo por el paludismo y la Congregación decidió trasladarlo a la capital. Pero el genio solidario de Opeka no le daría descanso pese a la enfermedad.

La gente colmó el club que fundò Opeka.

La gente colmó el club que fundò Opeka.

Recorriendo los suburbios de la capital, vio en el basural a varios niños peleando por su comida con los cerdos y se dijo: “Esto no es de Dios. No puede ser. Tengo que hacer algo”. Días después llegó al basural (donde resultaba muy extraño ver a un blanco, rubio y de ojos claros) y pidió hablar con los que parecían dirigir el lugar. Lo invitaron a pasar a una casa de cartón de metro veinte de altura. Pedro se agachó, entró y así comenzó esta historia de amor que lleva 30 años. Él se abajó, tocó el humus, la tierra, y se igualó a la condición de ellos.

Luego les dijo: “Si están dispuestos a trabajar, yo los voy a ayudar”. Y al dar el sí, no sospecharon que se estarían levantando de una vez y para siempre, que estarían recuperando la dignidad, saliendo del infierno en el que vivían, donde reinaban, el cirujeo, el robo, la prostitución y las drogas. Como dijo el padre Opeka en su discurso de bienvenida al Papa Francisco: “Era un lugar de exclusión, violencia y muerte. Treinta años después se ha convertido en un oasis de esperanza”.

Francisco destacó la filosofía de la obra de Opeka.

Francisco destacó la filosofía de la obra de Opeka.

Pedro combate el asistencialismo al que estamos acostumbrados (excepto en casos de vejez, invalidez o niñez). Está convencido y los resultados de Akamasoa lo demuestran, que toda ayuda debe tener una contraprestación, que se sale adelante con educación y trabajo, no ajeno a la necesidad de “compartir con el otro”. El Papa Francisco, parece haberlo ratificado al decir durante su discurso en el gimnasio: “Este pueblo es el resultado de muchos años de arduo trabajo. En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de trasladar montañas. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción”.

“Recuerden -agregó- lo que escribió el apóstol Santiago: ‘La fe si no tiene obras está muerta por dentro’. Los cimientos del trabajo mancomunado, el sentido de familia y de comunidad posibilitaron que se restaure artesanal y pacientemente la confianza no sólo en ustedes, sino entre ustedes, lo que les permitió́ ser los primeros protagonistas y artesanos de esta historia. Una educación en valores gracias a la cual aquellas primeras familias que iniciaron la aventura con el padre Opeka pudieron transmitir el tesoro enorme del esfuerzo, la disciplina, la honestidad, el respeto a sí mismo y a los demás”.

Cánticos argentinos en español para homenajear a Francisco.

Cánticos argentinos en español para homenajear a Francisco.

Todos esperamos grandes frutos de este encuentro entre dos argentinos que luchan desde posiciones diferentes contra la pobreza. Termino con una frase del Papa, durante su discurso en el gimnasio: “Recemos para que en todo Madagascar y en otras partes del mundo se prolongue el brillo de esta luz, y podamos proyectar modelos de desarrollo que privilegien la lucha contra la pobreza y la exclusión social desde la confianza, la educación, el trabajo y el esfuerzo, que siempre son indispensables para la dignidad de la persona humana”.

El autor escribió el libro “Viaje a la Esperanza”, sobre la vida y la obra del padre Pedro Opeka.

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