Bolivia sin Evo: Áñez instala un gabinete duro, que promete salir a la cacería de los masistas: “Empiecen a correr”

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Con un gabinete sumamente duro, de derecha intransigente, el gobierno interino de Jeanine Áñez ​se mostró dispuesto a confrontar y perseguir a los dirigentes del Movimiento al Socialismo, de Evo Morales.

El hombre fuerte de este equipo es el ministro de Gobierno (Interior), Arturo Murillo, un empresario hotelero que siempre mantuvo una agria disputa con Evo y su gente. Este fin de semana los simpatizantes del ex mandatario le quemaron el hotel y su familia se tuvo que refugiar en el monte.

Murillo viene con sed de sangre. “Les digo a todos aquellos que están en sedición que van a ir a la cárcel (…) Empiecen a correr”, fueron algunas de sus frases.

Y en particular se cebó con algunos ex funcionarios de Evo, como Juan Ramón Quintana, ex ministro de la Presidencia de Evo, a quien acusa de estar detrás de los desmanes de los últimos días, y en particular de la quema de su hotel.

“Les digo a todos aquellos que están en sedición que van a ir a la cárcel (…) Empiecen a correr”

“Vamos a ir a la cacería de Juan Ramón Quintana, ¿por qué es una cacería? Ese es un animal que está matando gente en nuestro país y no lo vamos a permitir”, advirtió Murillo.

La gran mayoría de los designados por Áñez son hombres y mujeres de Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y Beni, todos municipios que marcaron oposición con Morales.

También rompió la tradición de que la cartera de Exteriores debía ocuparla siempre un representante de la comunidad indígena, para mostrar esa característica del país.

Pero en esta ocasión la Canciller será una académica y diplomática de carrera, Karen Longaric, quien en su momento se opuso a que Bolivia iniciara una querella en La Haya contra Chile por su frontera.

En Defensa estará Luis Fernando López, un hombre de bajo perfil pero también muy crítico de Evo.

Arturo Murillo saluda a la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez./ REUTERS

Arturo Murillo saluda a la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez./ REUTERS

Con Gobierno y Defensa como arietes, Áñez busca enfrentar las movilizaciones y los disturbios.

Si bien es un gabinete de emergencia, con un gobierno de corto plazo, la transición se presenta complicada ya que el equipo no surgió con el fin de establecer políticas a largo plazo, sino exclusivamente hacer frente a las protestas sociales.

Al tomarle juramento a sus nuevos ministros, Áñez trató de minimizar la línea dura del equipo y sostuvo que todos tenían un perfil técnico. “Esta presidencia transitoria se desarrollará con un respeto absoluto al orden constitucional y trabajaremos para que se constituya en una oportunidad de reencuentro para abandonar los viejos estigmas y las viejas divisiones”.

“Éste será un mandato de estricto orden provisional. Necesitamos reconciliar nuestro país para que los bolivianos podamos avanzar y progresar en una Bolivia libre y democrática”, expresó.

Nadie desconoce que Añez y su equipo buscan desplazar la línea indígena y social que venía imponiendo Evo, algo que queda claro con los símbolos que se van eliminando, como imponer la Biblia en contra del ateísmo de Morales y bajar la Wiphala, la bandera símbolo de la comunidad indígena.

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