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Abucheado y silbado por los hinchas, el futuro de Lionel Messi en París acumula interrogantes en una temporada con sabor a poco

El argentino, al igual que Neymar, estuvo en la mira de los fanáticos del club parisino que solo respetan a un Mbappé a punto de partir a Madrid.

No hace falta ser demasiado avispado para darse cuenta de que los hinchas de Paris Saint-Germain bajaron el umbral de tolerancia luego de la dura eliminación de su equipo a manos de Real Madrid en los octavos de final de la Champions League. Y tampoco hace falta terminar el preescolar para entender que Lionel Messi, más allá de Mauricio Pochettino y Leonardo, es uno de los principales apuntados por este renovado fracaso del nuevo rico del fútbol mundial.

Los abucheos que bajaron sistemáticamente de las gradas del Parque de los Príncipes cada vez que él o Neymar tocaron la pelota -a contramano de la ovación constante para Mbappé- dejaron en claro que el argentino y el brasileño están en deuda. No alcanzó el buen partido de Leo ni el gol de Ney. Ni la goleada por 3-0, que incluyó una joya de Leandro Paredes- al colista Bordeaux que le permitió a PSG sacar una luz de 15 puntos en la Ligue 1. Nada borrará la decepción que nació el miércoles en el Bernabéu. Por eso, luego esta inédita silbatina en loop se abre un interrogante. Enorme.

¿Qué pasará con Messi una vez que termine la temporada?

Se sabe que el GPS de Leo tiene un único destino. El Mundial de Qatar. Nada le importa más que eso. Allí apunta todas sus energías en una Selección Argentina que lo cobija como nunca antes y como ningún otro lugar. Se sabe también que tiene contrato por dos temporadas con PSG -transita por el primer año- y que tiene una cláusula que le permite extenderlo por una campaña más. Por lo tanto, luce complejo que la Pulga se marche de París antes de tiempo.

Ese rumbo sólo se podría alterar por un volantazo brutal del dueño del club parisino, el también cuestionado Nasser Al Khelaifi, o por algún club deseoso de hacerse con sus servicios del mejor de las últimos 15 años, que en principio tendría que pagar un monto millonario por su pase.

Messi saluda a Paredes, autor del tercer gol de PSG. Foto: AFPMessi saluda a Paredes, autor del tercer gol de PSG. Foto: AFP

Parece complejo teniendo en cuenta que PSG está a punto de perder a Kylian Mbappé -el diario Marca dio por hecho el pasado viernes que en estos días se consumará su llegada Real Madrid- y que en París estarían cansados de Neymar, quien tiene una temporada para el olvido entre lesiones y poca productividad por las lesiones y por su incidencia casi nula (20 partidos con cinco goles y cinco asistencias) para un jugador de semejante calibre.

Así, sin poder retener a Mbappé y con Neymar con la botella de lavandina en la cabeza, Messi quedaría como el único integrante del tridente del proyecto soñado que se estrelló en Madrid. Por eso luce impensado que se transformen en realidad esos trascendidos que desde la semana pasada hablan de una posible vuelta de Leo a un Barcelona que comenzó a reciclarse desde la llegada de Xavi Hernández al banco de suplentes y gracias a la meteórica resurrección de la billetera de Joan Laporta, el presidente que no hizo lo que hacía falta para evitar la mudanza.

Messi se toma la cabeza en el partido ante Bordeaux. Foto: ReutersMessi se toma la cabeza en el partido ante Bordeaux. Foto: Reuters

Lejos de los mejores tiempos

Es cierto que los números de Messi son los más modestos de los últimos años. Lleva jugados apenas 25 partidos, con solo 7 gritos y 11 asistencias. Si bien está a un solo pase gol de los registros de la campaña del adiós en Barcelona, hay que viajar hasta la temporada 2005-2006, cuando todavía era un teenager pelilargo, para encontrar un registro menor a la decena de goles en su carrera. Un detalle: en aquella campaña apenas disputó 17 encuentros.

Su agenda cargada en la Selección, con la que ganó la Copa América, se sacó una mochila de piedras y se metió en su quinto Mundial, la traumática salida de España y la falta de una pretemporada -por segundo año consecutivo porque el anterior se la perdió por el culebrón del burofax- pueden funcionar como atenuantes. Casi tanto como la casi nula química que existe un PSG de estrellas estrelladas en el que nunca apareció el juego colectivo más allá de las corridas de ese superhéroe llamado Mbappé. Culpa de los futbolistas. Pero también de un entrenador que nunca supo administrar la sobredosis de talento. Y de un director deportivo con un plan de Dream Team que por poco no termina en pesadilla.

No explota en París. Apenas siete goles y 11 asistencias en 25 partidos. Foto: ReutersNo explota en París. Apenas siete goles y 11 asistencias en 25 partidos. Foto: Reuters

Este domingo, Messi lució inmutable ante los silbidos y abucheos. Jugó un buen partido, con participación decisiva en los tres goles. Llamó la atención, eso sí, que no quisiera hacerse cargo del penal que finalmente nunca se ejecutó por un offside previo detectado por el VAR. Capaz Leo sabía que nada cambiaría con un gol de penal. Y que todo empeoraría con otro error desde los 12 pasos luego de su falla en la ida de los octavos de final ante Madrid.

Habrá que ver cómo decanta el final de una temporada en la que sólo queda la Ligue 1 como objetivo. Los 15 puntos de ventaja sobre Niza a falta de 10 fechas para el final sólo entregan como entretenimiento adivinar cuándo será la fecha de la vuelta olímpica. Lo otro que entra en el terreno de los apostadores pasa por desentrañar quién será el reemplazante de Pochettino. Tal vez en ese nombre esté la respuesta del futuro de Messi.

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